A buen narrador, pocas palabras sobran

Érase una vez un estudiante de español llamado William que intentó ser narrador después del fin de semana. El lunes es un buen día para ser narrador. Tenemos en nuestra cabeza todos los hechos, sucesos, eventos y cotilleos del fin de semana y toda la emoción de ser el primero en contárselo a alguien. Entonces, ¿qué le pasa a William? ¿Por qué cuando quiere explicarle a su amigo Pepe qué tal le fue el fin de se semana este empieza a cerrar los ojos como quien no quiere la cosa hasta quedarse dormido?

zzz

Por lo general, no somos buenos narradores, aunque lo cierto es que llevamos mucho tiempo narrando. No conseguimos intrigar a nuestros receptores, nos repetimos con frecuencia e, impulsados por el deseo de contar, nos olvidamos de las bellas palabras del español, y eso que tenemos muchas, de todos los tipos, colores y formas. Y, ¿esto por qué? Porque tenemos tantas ganas de contar que no tenemos en cuenta a nuestro pobre receptor (Pepe, en nuestro caso), que empieza a resoplar nada más escuchar ¿Sabes lo que me pasó …?

Y es que, aunque parezca contradictorio, para ser un buen narrador hay que saber escuchar. Por ello, hoy en De Boca en Boca Centre os vamos a ayudar a narrar mejor en español conociendo primero a Pepe, nuestro receptor.

un buen receptor

1. Nuestro receptor es un ignorante: él no estuvo allí cuando ocurrió la historia. No sabe qué vino antes y qué vino después. Así que tomaos vuestro tiempo: dejad vuestra mente en blanco, cerrad los ojos e imaginad la cadena de eventos. Fácil, ¿verdad? De esta manera, por fin, Pepe comprenderá que William conoció a Susana después de tomar unas tapas en un bar pero antes de entrar en la discoteca. Ya vamos aclarando la historia.

EVENTO 1 + EVENTO 2+ EVENTO 3+ EVENTO 4…

2. Pepe es una persona muy vaga: no hará ningún esfuerzo en descifrar lo que decís. Ya sabéis que se echa a dormir cuando algo no le interesa. Como no os cuesta nada, y ya que habéis ordenado previamente los sucesos, ahora dejad claro cuándo ocurrieron estos eventos. Estáis de suerte porque podréis utilizar unas hermosas herramientas llamadas marcadores temporales. ¡Ajá! Por eso William no tuvo tiempo de terminar sus tapas porque unos minutos después, cuando iba al baño, encontró a Susana.

EVENTO 1 → DESPUÉS → EVENTO 2 → MÁS TARDE → EVENTO 3 → FINALMENTE → EVENTO 4

3. Pepe está muy ocupado: es un hombre de negocios que tiene muchas cosas que hacer. Si le vais a interrumpir, que sea por un buen motivo. William olvidó decirle lo más importante, el objetivo de su historia, que era que se iba a casar con Susana. ¿¿¿¿Cómo???? Esa es la reacción que buscamos, la intriga que necesitamos para sacar a Pepe de su ajetreo empresarial y que nos mire con los ojos súper abiertos esperando el final de la historia.

ojos como platos

Porque una historia siempre tiende a un final, el momento en que se resuelve el conflicto de la presentación y que hemos descrito y desarrollado a lo largo del nudo. Por ello, nunca os olvidéis del final.

estructura de la narración

4. Nuestro receptor es muy escrupuloso: le gustan las palabras correctas en el momento correcto. Por eso, seleccionad palabras relacionadas con el tema y jugad con los campos semánticos de la historia. De nada sirve que William comience a contarnos su historia de amor y pase a hablar de la mujer biónica. ¡William, concéntrate!

cara de concentración

Pero a Pepe no le gusta escuchar una descripción correcta de Susana. No va a dejar de firmar papeles porque Susana tenga el pelo largo, liso y sea rubia. Un buen receptor, como Pepe, espera que vuestra historia sea única, hasta el punto de sentir celos. ¿Y cómo hacemos para que Pepe esté celoso de nuestra historia? Exagerándola (esto ya lo sabíais, ¿verdad?). Pero, ¡cuidado! No se trata de decir que Susana es muy muy guapa, ¿eh? Exagerar la realidad es contar la realidad de una manera tan diferente que nos maraville y nos deje alucinados. Sería, por ejemplo, decir que los cabellos de Susana eran de oro y sus dientes, perlas. Si antes Susana era guapa, ahora es una diosa. La metáfora, el hipérbaton, la comparación son buenos recursos con los que empezar. Si necesitáis más, leed a los poetas. ¡Ellos sí que saben de amor!

poetas

5. Pepe se aburre con facilidad: sobre todo cuando escucha a William repetir las mismas palabras:

Vi a Susana. Susana me miró a los ojos. Susana estaba saliendo del cuarto de baño de los chicos. Susana me guiñó. Susana se fue.

Existen muchas maneras de evitar estas molestas repeticiones. Una de ellas es prestar atención a la relación que existe entre los protagonistas de la historia, en nuestro caso, Susana y William. En entradas anteriores, hablamos del fenómeno de la cohesión, de cómo para escribir un buen texto todas sus partes debían estar relacionadas (En la mente del cuentista). Teniendo en cuenta esto, Susana es la chica, la mujer, la señora (nunca se sabe; aún no sabemos el final de la historia). Pero también puede ser esta, esa o aquella mujer en función de si cuando pensamos en ella, la sentimos cerca o lejos del momento presente. Por supuesto, Susana es una chica y, por tanto, es ella, aunque como sabéis, en español NO es obligatorio escribir el pronombre personal sujeto cada vez que aparece el verbo. De hecho, sí lo utilizáis continuamente, Pepe acabará aburriéndose.

Vi a esta señora en el cuarto de baño. Ella me miró a lo ojos. Entonces, vi que estaba saliendo del cuarto de baño de los chicos. Me guiñó y la señora se fue.

Por supuesto, también funciona para el espacio en el que transcurre la historia. El cuarto de baño es el WC, los baños, este/ese/aquel lugar/sitio y ahí o allí.

6. Nuestro receptor es muy infantil: la narración tradicional es una sucesión de eventos ordenados en el pasado que emplea, normalmente, los tiempos de pasado. Sin embargo, como William habla inglés, sólo utiliza el pretérito indefinido. Y es cierto que Pepe es un hombre de negocios que le gusta ir al grano y que le cuenten sin más que William se encontró a Susana en los baños de un bar de tapas antes de ir a la discoteca. Pero su alma de niño se despierta cuando escucha la palabra contar y recuerda al instante las lecturas nocturnas de cuentos con sus padres, antes de irse a dormir. ¡Cómo le gustaba recrearse en la descripciones! Le encantaba sentir el frío del bosque, el murmullo de los árboles, el miedo de la oscuridad.

Esto se debe a que todo receptor tiene un lado infantil ferviente de detalles, que necesita saber cómo era el bosque de Caperucita, la madrastra de Blancanieves o los cabellos de Susana. Y en español el tiempo para describir en pasado es el imperfecto.

bosque

De este modo, William nos dirá que el cuarto de baño estaba muy sucio (en comparación con los de EEUU, donde no se permiten tales cosas). Había agua en el suelo. Pero, a pesar de la suciedad, ocurrió un momento mágico. Susana salió del cuarto de baño de los chicos. Era alta, esbelta como una jirafa (sigue practicando las comparaciones, William) y sus cabellos tenían el color dorado de los rayos del sol (cliché, pero vas mejorando). Sus ojos parecían gotas de agua y sus dientes eran tan blancos como las perlas. Ella le sonrió y le guiñó un ojo.

Y esto es todo. Con estos seis consejos, os convertiréis en excelentes narradores. A modo de resumen, os dejamos esta infografía que esperamos os sirva para seguir repartiendo historias allá donde vayáis:

qué tiene un buen narrador

William y Susana se casaron el dos de abril en una bonita mañana de sábado. De esta manera, nuestro americano pudo quedarse a vivir para siempre en España, país que le encantaba. Y colorín colorado, este artículo se ha acabado.

Clara

P.D: Por cierto, Susana acababa de cumplir 65 años cuando se casó con nuestro estudiante erasmus. El amor no tiene edad.

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