Mi jefa es un cielito

La paciencia del señor director, Juan Estuardo Molino, se había acabado. Ahora sabía que había sido un error nombrar jefa de personal a Piedad Dulce Amor, una mujer venezolana de 40 años que aceptó encantada el puesto que antes ocupaba Dolores Guerra Roca, a quien él mismo había encargado mejorar los malos resultados de ventas de la oficina. Piedad Dulce había trabajado durante años como agente de seguros en la empresa con muy buenos resultados, pero al señor Estuardo Molino no le gustaban nada las decisiones que había tomado como jefa de personal y temía que el remedio fuera peor que la enfermedad. Desde que ella estaba al mando, los empleados parecían haberse relajado demasiado y eso no era bueno.

buen rollo

La manera misma de hablar de Piedad indicaba que se trataba de una persona con un carácter débil. Solía saludar a los empleados con hipocorísticos, que indicaban un cariño y una cercanía más propios de un grupo de amigos que de una plantilla de trabajadores:

  • Hola Carmencita.
  • “Buenos días, Juanillo.”
  • ¿Qué tal estás hoy, Clarita?

 Y es que Piedad abusaba de los sufijos diminutivos, especialmente del sufijo -ito, que es el más útil para demostrar cariño, simpatía, pena o cercanía, que era lo que le gustaba a la cursi de Piedad. Cada vez que oía frases como…

  • ¡Qué faldita más mona llevas hoy, Lucía! No olvides pasarme luego el análisis de los clientes potenciales.
  • ¡Pero qué formalito eres Tomás! Eres siempre el primero en mandarme los informes.
  • ¿Te encuentras mal Laura? Si estás enfermita puedes irte hoy antes a casa, cielo.
  • ¿Esa foto es de tu hijita, Carlos? ¡Qué morenita y qué guapa es! Bueno, te dejo que termines tu trabajo, a ver si puedes terminarlo antes de irte hoy, por favor.

Estuardo Molino se ponía furioso. Esa manía de Piedad de hablar siempre con diminutivos la hacía parecer demasiado amable y simpática como para que los empleados la tomaran en serio. Con cada adjetivo o sustantivo que salía de su boccamera cafea acompañado del sufijo -ito, el director sentía cómo la plantilla perdía competitividad. El ambiente de trabajo en la oficina era lamentable, incluso había sucedido que dos empleados se habían enamorado, algo insólito en su oficina.  Los sorprendió flirteando cuando estaban en la máquina del café, diciéndose cosas de enamorados, utilizando los malditos diminutivos otra vez:

  • ¡Qué guapo estás con el pelito tan corto. Estás para comerte a besos y darte mordisquitos.
  • ¿Sí? Pues tú estás guapa siempre, como tienes un cuerpecito tan bonito…

Pero eso no era todo. Lo peor  fue el día en que Piedad propuso a todos los empleados hacer una reunión en la azotea porque según ella hacía un día precioso y nos vendría muy bien tomar el solecito  mientras les doy unos consejos sobre cómo atender al cliente. En aquel momento, el director supo que tenía que echarla de la oficina o sería una catástrofe total. ¿Qué sería lo próximo? ¿Pintar en las paredes de la oficina florecitas de colores? Dos semanas después de esa reunión, la citó en su despacho para decirle que había pedido que la destinaran a una oficina de una ciudad vecina porque sus métodos de trabajo no le convencían. Tras diez minutos de conversación, Piedad salió del despacho, pidió la atención de sus compañeros y se despidió de ellos. Todos le desearon suerte en la nueva oficina y se citaron con ella para tomar algo el fin de semana.pensar sentir

La misma tarde del traslado de Piedad, mientras Estuardo Molino consideraba las mejores opciones para el puesto de jefe de personal, recibió un correo muy sorprendente de sus jefes: estaban muy contentos porque en el último mes su oficina había conseguido aumentar el número de pólizas de seguros vendidas. Él había estado muy ocupado con los peritos y los morosos y no había llevado el control del número de nuevos contratos, así que se sorprendió cuando vio que el balance era positivo. ¿Cómo era esto posible? La única explicación era que Dolores Guerra Roca fue una jefa tan mala que incluso Piedad supo hacerlo mejor. Estuardo Molino decidió hacerse responsable del personal de la oficina. Si Piedad había conseguido mejorar los resultados en solo un mes, con él las ventas serían mucho mejores aún.señor cangrejo

En adelante, las palabras dulces desaparecieron de la oficina. Los únicos diminutivos que se oían eran los que el jefe utilizaba, pero solo para decirles a los trabajadores que trabajaran más rápido, que llegaran más pronto al trabajo o que la calefacción valía mucho dinero:

  • Hay que terminar los informes rapidito.
  • Tenemos que estar en la oficina tempranito, ni un minuto más tarde de la hora.
  • Apaguen el aire, por favor, la electricidad vale un dinerito.

Dos meses más tarde, el director recibió una llamada de los jefazos. Le agradecían sus esfuerzos pero le advertían de que los datos habían empeorado respecto a los últimos dos meses. Aun así, querían ayudarle. La oficina de la ciudad vecina era la única que había mejorado las ventas y le habían pedido a la jefa de personal que hiciera una pequeña conferencia para los directores de oficinas con problemas. Su nombre era Piedad Dulce Amor. Estuardo Molino puso un gesto de dolor cuando oyó el nombre.

-Sí, la conozco. Fue mmm… agente de ventas en mi oficina. Es una persona muy…buena.

-Sí, sí, lo sabemos. Pero créame, es algo más que buena, es un cielito de persona.

Alberto

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