Estereotipos lexicalizados

Hace unas semanas hablábamos del estereotipo religioso que caracteriza a España (¡Dios mío!). Hoy en De Boca en Boca Centre os proponemos un acercamiento cultural a través de los numerosos estereotipos sobre nacionalidades que han pasado a nuestra lengua.

Como ya sabéis gracias a otras entradas, los hablantes cuentan con un magnífico recurso llamado metáfora para explicar de manera más clara ciertos mensajes.  Aunque penséis que la metáfora es un recurso reservado para la literatura, todos nosotros la empleamos para hablar de cosas poco importantes, de aspectos de nuestro entorno y en nuestras conversaciones más cotidianas. ¡Y no somos poetas! Curioso, ¿verdad?

intersado

Así, en un momento dado de la historia, aparecieron ciertos comportamientos que necesitaron ser llamados con un nombre. Por ejemplo, cuando una persona hace una muchas tonterías y se divierte haciendo bromas, decimos que esta persona hace el indio. ¿Y por qué el indio? ¿Eran los indios bromistas y chistosos? No, la razón es más bien histórica. Cuando los colonizadores españoles llegaron a América, quedaron sorprendidos por el comportamiento de los indios, sus movimientos, sus danzas, sus costumbres:

llegada de Colón

¡Para de gritar y bájate de la mesa ahora mismo! ¿Qué te pasa hoy? ¡No paras de hacer el indio!

Normalmente, se trataba de comportamientos no muy positivos que para ser representados en la lengua necesitaban de una buena expresión o insulto. Y cuando hay que insultar, las personas tratan de buscar los aspectos negativos fuera de ellas mismas. ¿Y qué mejor manera de insultar que buscando los aspectos negativos de nuestros vecinos? Además, que te llamen francés, inglés o chino es también una manera de expresar que ya no perteneces al grupo de los españoles. Así que comenzamos a fijarnos en cómo se comportaban otras nacionalidades, otras razas y otros pueblos, y deformamos y exageramos estos comportamientos para crear nuestros insultos.

insulto

Ahora bien, esta visión a veces está basada en la subjetividad de los estereotipos, y otras veces responde a una serie de factores históricos y sociales. Pongamos el ejemplo de la expresión despedirse a la francesa. Cuando una persona se marcha de un lugar donde había mucha gente sin decir adiós decimos que se ha marchado a la francesa. Sin embargo, a mí nunca me ha pasado que un francés se haya ido sin decir adiós. Todo esto se remonta a una tradición de la clase alta francesa del siglo XVIII. Se puso de moda irse de las fiestas y reuniones sin decir adiós porque mostraba que lo habían pasado tan bien que pensaban volver en otra ocasión y, por lo tanto,  no tenía sentido decir adiós.

despedirse a la francesa

Lucía se enfadó tanto al ver a su ex novio en la fiesta que se marchó a la francesa.

Otra expresión cuyo origen está en la historia es ser cabeza de turco. En la época de las Cruzadas, los cristianos y los turcos se enfrentaron en muchas ocasiones. Derrotar a los turcos se convirtió en una tarea muy dura porque estos eran muy violentos y excelentes en las artes de la guerra. Así, cuando los cristianos obtenían la victoria, les cortaban la cabeza y las ponían en los mástiles de los barcos o en lugares visibles. Después, los criticaban y los culpaban de todos sus males y de todos los desastres de Europa. Desde ese momento, se utiliza la expresión ser cabeza de turco cuando una persona que no ha tenido nada que ver con un problema determinado recibe toda la culpa y las acusaciones de los demás.

ser cabeza de turco

Ante la presión de los medios y del gobierno, un traficante de drogas fue la cabeza de turco en el caso de la niña desaparecida.

A veces, estas expresiones están basadas en estereotipos de razas como ocurre en la expresión no haber moros en la costa. Del mismo modo, su origen se remonta a la Edad Media debido a los numerosos ataques de los moros (musulmanes del norte de África) que sufría la costa de España. Para defender los pueblos se construyeron grandes torres desde la que los soldados controlaban el mar y, si en algún momento divisaban barcos enemigos, gritaban ¡Moros en la costa! Hoy en día, cuando no hay obstáculo o peligro para realizar una acción decimos que no hay moros en la costa.

moros

¡Entra, entra! No hay moros en la costa. Pepe se acaba de ir a casa de su madre. Podemos planear tranquilamente su cumpleaños.

En otras ocasiones, son personajes muy conocidos los causantes de ciertas expresiones. Engañar como a un chino trae como protagonista al famoso Marco Polo. Parece ser que cuando el comerciante italiano viajó por primera vez a China, consiguió hacer intercambios de mercancías muy beneficiosos para él pero no tanto para los chinos. Básicamente, Marco Polo engañó a los chinos y, por esta razón, cuando alguien te engaña recordamos el injusto intercambio entre Marco Polo y los comerciantes asiáticos.

Marco polo

Me he comprado las pastillas de adelgazamiento que anuncian en la televisión y me han engañado como a una china. Además, me costaron mucho dinero y no las puedo devolver.

Pero el caso más interesante es la expresión hacerse el sueco, que utilizamos para designar a una persona que se desentiende de algo o finge no entender. ¿Son los suecos así? De nuevo, no. Sin embargo, esta vez no es una razón histórica sino un error lingüístico: la palabra sueco procede de soccus en latín, que designaba los zapatos que llevaban los actores cómicos del teatro romano. Con el tiempo, la palabra derivó a zueco, que es del mismo modo un zapato (hecho de madera). Así, hacerse el sueco es hacerse el tonto, como hacían los actores del teatro romano. Más tarde, la gente comenzó a cambiar la z– por la s– y, sin querer, se extendió la idea de que los suecos se hacían los tontos para no tener que comprometerse en ciertas cosas.

soccus

Pedro se hizo el sueco para no tener que pagar su parte del regalo de Sara.

¿Y cómo nos ven el resto del mundo a los españoles? ¿Existen en vuestra lengua este tipo de expresiones? Mandadnos vuestras respuestas a De Boca en Boca Centre. ¡No os hagáis los suecos!

Clara

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