El sufijo que quería ser más

     El sufijo -ito se sentía triste desde hacía tiempo, pero no sabía muy bien por qué. No tenía razón para estarlo ya que los sustantivos y los adjetivos lo llamaban frecuentemente para trabajar en muchas oraciones. De hecho, era muy normal ver al sufijo -ito acompañando a sustantivos para designar un tamaño menor como en el caso de perro>perrito, mesa>mesita o libro>librito. Tampoco era raro verlo unido a adjetivos que transmitían un significado negativo como gordo>gordito o bajo>bajito para darles un aspecto más políticamente correcto. En resumen, el sufijo -ito tenía mucho trabajo y no tenía motivos para sentirse triste, sobre todo en estos tiempos, en los que tanta gente está buscando empleo.
Sin embargo, el motivo de su tristeza era que estaba aburrido de su trabajo. -ito sentía que siempre actuaba como un sufijo diminutivo. Su única misión consistía en decir que algo era menos grande, o menos aburrido, o menos malo, o menos bueno. Por ejemplo, cuando alguien decía que su teléfono móvil tenía un defectito, significaba que era un defecto menos grave, o cuando alguien decía que una chica era guapita, quería decir que era menos guapa que otra muchacha que también era guapa. -ito prefería decir que algo era menos malo que decir que algo era menos bueno pero, en general, se había cansado de significar “menos”.más menos
Un día les dijo a los sustantivos y adjetivos con los que trabajaba que quería dejar de ser “menos” y que le gustaría significar “más”, tal y como hacían los sufijos-ón y -azo. Los sustantivos y adjetivos le dijeron que eso no era posible, que necesitaban un sufijo diminutivo y que si él no quería colaborar, entonces le pedirían ayuda a otros sufijos como -illo y -ete, que nunca protestaban. -ito les dijo que eso no era justo, que todo el mundo tenía derecho a ser más, nadie podía obligarle a ser siempre menos. Al fin y al cabo, en la vida hay que intentar llegar a ser siempre algo más. No le importaba ser un sufijo diminutivo, pero podía combinar esa actividad con la de aumentativo. Había otros morfemas pluriempleados, ¿por qué no él? Los sustantivos y adjetivos dijeron que no.
mejorar 1Pasado un tiempo, llamaron a la puerta de -ito el adverbio rápido y el adjetivo callado. Ellos le dijeron que habían oído que quería trabajar como sufijo aumentativo y querían proponerle una misión. Callado y rápido habían sido compañeros del adverbio muy en numerosas ocasiones, pero muy había tenido mucho trabajo y se había tomado unas vacaciones. Querían que -ito lo sustituyera. “¿Creéis que lo haré bien?” preguntó -ito. “¡Claro!, ¿por qué no?” contestaron el adverbio y el adjetivo. -ito no estaba seguro de si sería capaz de hacerlo, nunca se había acoplado a adverbios, pero tenía que aprovechar la oportunidad.

De esta manera, cierto día los tres se infiltraron en la conversación entre un padre y su hijo de seis años. El padre, sin saber por qué, le dijo a su niño “tómate el vaso de leche rapidito, que llegamos tarde y es el primer día de colegio”. El niño comprendió que tenía que tomárselo bastante rápido. Cuando padre e hijo llegaron al colegio, el padre le recordó al niño que no corriera por los pasillos, ya que los maestros lo habían prohibido dado el ruido que hacían. “No corras por los pasillos y ve calladito”. El padre se preguntó por qué no le había dicho “callado” o “muy callado”, él no solía hablar con diminutivos. Sin embargo, el niño lo comprendió perfectamente y anduvo en silencio por los pasillos hasta que llegó al patio y se reunió con sus amiguitos.

-ito, rápido y callado se felicitaron por el éxito de su empresa y tras esta primera experiencia, se corrió la voz de que -ito podía significar muy, es decir, podía ser “más”. Con el tiempo, otros adjetivos, adverbios e incluso verbos le pidieron ayuda, y desde entonces no es extraño oír a una madre o a un padre decir:

sudando“Este niño está sudandito, voy a quitarle el chaleco.” o “Está agotadito de tanto jugar”.

Tampoco resulta raro oír a dos chicas hablar sobre un chico diciendo:enamorado

“Creo que Jesús está enamoradito de Marta, pero no se lo digas a nadie.“

En el trabajo, los jefes piden que los trabajadores terminen los informes rapidito mientras que los trabajadores se quejan y dicen que están agobiaditos de tanto trabajar. Y así fue como -ito se convirtió en un sufijo que puede ser tanto diminutivo como aumentativo. Y colorín colorado, este sufijo-cuento se ha acabado.

Alberto

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