Los castillos en el aire de la lechera

¿Alguna vez has construido un castillo en el aire? Puede parecer difícil pero no lo es. En muchas ocasiones, planeamos proyectos que se realizarán en el futuro. Ponemos tantas ilusiones en estos proyectos que sólo pensamos en ellos y nos olvidamos del presente. A veces sabemos desde el principio que estos proyectos no se cumplirán y, aun así, construimos castillos en el aire.

Castillo

El origen de esta expresión está muy relacionado con la división entre el cielo y la tierra. El cielo se asociaba a Dios y, por tanto, no era accesible al hombre. Éste tenía que ocuparse de las cosas que estaban cercas de él, en la tierra, y dejar a Dios el paraíso y el cielo. Un castillo en el aire está colocado fuera del territorio del hombre y, además, puede caerse, ¿verdad? Como los planes que ideamos sin fundamentos y sin una base sólida.

En español tenemos otra expresión relacionada con la división entre el cielo y la tierra y los sueños: tener los pies en la tierra. Empleamos esta expresión para hablar de alguien que no hace castillos en el aire, es decir, que no planea proyectos imposibles.

Pies en la tierra

El problema es que los seres humanos tenemos la capacidad de pensar en el futuro y de soñar con cosas que no hemos vivido. Y así ha sido desde el origen del hombre. Una prueba de esto es un cuento muy famoso llamado El cuento de la lechera, que viajó desde la India, pasó por el mundo árabe, hasta llegar a las manos de Don Juan Manuel, un escritor del siglo XIV que lo introdujo en su obra El Conde Lucanor.

                   Panchatantra                                                                               Panchatantra

Calila y Dimna                                                                               Calila e Dimna

El conde lucanor                                                                             El conde Lucanor

Como la naturaleza del hombre es soñadora, el cuento se difundió oralmente para transmitir la necesidad de tener los pies en la tierra. Aquí te dejo la versión que todavía se sigue contando en España:

Una lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba hacia su casa soñando despierta. «Como esta leche es muy buena», se decía, «dará mucha nata». «Batiré muy bien la nata hasta que se convierta en una mantequilla blanca y sabrosa. Cuando tenga preparada la nata, la llevaré al mercado, y me pagarán muy bien por ella. Cuando tenga el dinero, me compraré un canasto de huevos y, en cuatro días, tendré la granja llena de pollitos, que se pasarán el verano piando en el corral. Cuando empiecen a crecer, los venderé a buen precio, y con el dinero que saque, compraré un cerdito que alimentaré muy bien. Cuando esté gordito, todo el mundo querrá comprármelo. Cuando encuentre un buen comprador, iré al mercado de nuevo y compraré una vaca que dará mucha leche. Cuando tenga muchas botellas de leche, iré al mercado a venderlas. Con el dinero, me compraré un vestido nuevo de color verde, con tiras bordadas y un gran lazo en la cintura. Cuando lo vean, todas las chicas del pueblo se morirán de envidia. Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y seguro que el hijo del molinero querrá bailar conmigo al verme tan guapa. Pero no voy a decirle que sí de buenas a primeras. Cada vez que me lo pida le diré que no, para hacerle esperar. Eso es, le diré que no: ¡así!»

La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de leche cayó al suelo, y la tierra se tiñó de blanco. Así que la lechera se quedó sin nada: sin vestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sin la blanca leche que le había incitado a soñar.

lechera

¿Has visto las palabras en negrita? Cuando tenga, Cuando empiecen, Cuando encuentre… Sí, ¡has acertado! ¡Presente del subjuntivo! El subjuntivo es una herramienta preciosa del lenguaje que en español permite expresar muchas cosas, entre ellas, la ambición, los sueños imposibles y los castillos en el aire. Pero fíjate bien en la estructura de la frase: cuando + subjuntivo, futuro. Conjugamos el verbo en presente del subjuntivo si la subordinada introducida por cuando expresa una idea futura:

Cuando sea grande, seré arquitecto.

Cuando viaje a España, iré a Sevilla.

Otra manera de hacer castillos en el aire son las estructuras condicionales, concretamente las que utilizan el condicional simple:

Si viajara a España, iría a Sevilla.

Si tuviera dinero, me compraría una casa en el bosque.

En este caso, la frase introducida por la conjunción si utiliza un verbo también en subjuntivo pero esta vez conjugado en imperfecto.

¿Y tú cómo eres? ¿Eres una persona soñadora? ¡Seguro que sí! Ahora podrás construir castillos en el aire, ¡pero en español!

Clara

P.D: Por cierto, en francés existe una expresión parecida: faire des châteaux en Espagne o hacer castillos en España. ¿Por qué será? ¿Serán los españoles más soñadores que los franceses?

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